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28/5/10

Úsese en caso de desastre

Nuestro planeta al borde del colapso. Desequilibrio en la humanidad, en la sociedad y en la naturaleza. Rumores apocalípticos suenan por doquier. ¡El mundo se va a acabar! Todo apunta a un inminente desenlace, véase por donde se vea. Vivimos en el periodo de mayor desarrollo que ha tenido la humanidad, justo cuando la sociedad posmoderna, globalizada y globalizadora lo abarca y lo controla todo: desde las libertades humanas y económicas hasta el uso y aprovechamiento de la energía y los recursos naturales. Se nos presenta el reto más difícil de la historia, pues un cambio a gran escala parece inevitable; un cambio que para manifestarse externamente debe comenzar internamente, en cada uno de nosotros. Y aquí el arte, entendido como una expresión del espíritu humano, juega un papel fundamental. La “sociedad” encuentra en el arte un medio para manifestar su cultura; igualmente la “persona” encuentra en el arte un medio para manifestar su identidad, y uno de los recursos más inmediatos y cotidianos de que dispone para hacerlo es su propio cuerpo y la forma en que lo cubre, lo decora, lo viste, lo exhibe, lo disfraza, lo protege: la vestimenta. Así, con esta pasarela (o antipasarela) pretendemos incentivar la creación artística de los participantes para llevar un mensaje de conciencia sobre nuestra situación actual y las posibles implicaciones si no hacemos algo para cambiar las cosas. La pregunta planteada es: ¿Qué vestiremos si nos alcanza el desastre? Una pregunta que pretende provocar la reflexión y generar nuevos y más amplios cuestionamientos, pues el desastre puede llegar y ser afrontado en infinidad de formas: calentamiento global, cambio climático, inundaciones, sequías, fenómenos geológicos, contaminación, revoluciones, guerras, hambrunas, meteoritos, mutantes, extraterrestres, dioses iracundos... No hay límite, se trata de desvariarse, piratearse, tripearse, debrayarse y divertirse, la única regla es la creatividad. Y que de algo nos sirva, no vaya a ser que estas propuestas de vestimenta futurista se conviertan en realidad.

Desvarío escrito para la convocatoria del performance y concurso de vestimenta conceptual "Úsese en caso de desastre", que organizó Cristina Martínez en el Festival Cultura Alternativa II. Fue el performance más pirata que me ha tocado presenciar, y hasta terminé actuando. Se puso chingonsísimo, por unos momentos sentí en carne propia lo que es el arte. Ya iré posteando fotos y videos para que se den una idea.

18/5/10

Lo que sigue

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Regreso de mi exilio. A veces es necesario. Exiliarse, digo. Y regresar. Y volverte a ir. Ahora sí. Tantas cosas han pasado. Tantas han cambiado. Tantas siguen igual. Y todo es tan relativo. Y ya parece tan tan campana. Y cuántos puntos. Y coma, caca. Pero en fin, el desvarío mejor platicarlo en vivo. La cosa es que estoy de vuelta en la ciudad, en mi ciudad; para vivirla, gozarla, sufrirla, bailarla, pintarla, comerla, vomitarla (ponga usted más verbos a su gusto, ya entendió la idea), conocerla, pues... Pero aviso, no será por mucho tiempo porque ahora soy nómada conociendo el mundo, despacito, a profundidad, emocionado y sin prisas. Y así sin prisas empiezo guadalajareando, que no extrañe verme por ahí vagando. Y que no extrañe tampoco verme de vuelta a las andadas, porque de la enlogotipicación ya estuvo bueno: mejor darle con ganas a la carteleada, a la ilustrada, a la pintada, a la cantada, a la pirateada, a la desvariada. Y para celebrar les presento un cartelito. Es para el Festival Cultura Alternativa II (genéricos y similares) que promete un cotorreo chido y alivianado; el evento lo organiza la banda de Liceo184, no los conozco pero está padre apoyar a la gente que tiene ganas de hacer cosas. Yo voy a andar por ahí participando con los de Arvol, una asociación de la que formo parte y que busca llevar un mensaje evolutivo por medio del arte. Para el Festival traemos un concurso debrayado con una antipasarela que se llama "Úsese en caso de desastre", y ahí mismo vamos a presentar un performance locochón con los de Escento, una compañía en ciernes pero que promete mucho. Y se vienen un montón de planes y colaboraciones, es lo chido de andar viajando. No sean mañosos.

25/2/08

Caperucita roja

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Cuento original, por Charles Perrault

Érase una vez una niña, la más bonita que se pudo ver jamás, su madre estaba loca con ella, y su abuela más loca todavía. La buena mujer encargó una caperucita roja para ella, que le sentaba tan bien, que por todas partes la llamaban Caperucita roja.
Un día su madre, habiendo cocido y hecho tortas, le dijo:
-Ve a ver cómo anda la abuela, pues me han dicho que estaba mala; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.
Caperucita roja salió enseguida para ir a casa de su abuela, que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió, porque andaban por el monte algunos leñadores. Le preguntó adónde iba, la pobre niña, que no sabía que es peligroso pararse a escuchar a un lobo, le dijo:
-Voy a ver a mi abuela, y a llevarle una torta con un tarrito de mantequilla que le envía mi madre.
-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.
-¡Oh sí! -dijo Caperucita roja- ¿Ves aquel molino lejos, lejos? Pues, nada más pasarlo, en la primera casa del pueblo.
-Pues mira -dijo el lobo -, yo también quiero ir a verla; yo voy a ir por este camino y tú por aquél, a ver quién llega antes.
El lobo echó a correr con todas sus fuerzas por el camino más corto, y la niña se fue por el camino más largo, entreteniéndose en coger avellanas, correr tras las mariposas y hacer ramilletes con las florecillas que encontraba.
No tardó mucho el lobo en llegar a la casa de la abuela; llamó: Toc, toc.
-¿Quién es?
-Soy tu nieta, Caperucita roja -dijo el lobo, desfigurando la voz -, y te traigo una torta y un tarrito de mantequilla que te envía mi madre.
La buena de la abuela, que estaba en la cama porque se encontraba un poco mal, le gritó: -Tira del cerrojo y la puerta se abrirá.
El lobo tiró del cerrojo se abrió la puerta. Se arrojó sobre la buena mujer y la devoró en menos de un santiamén, pues hacía más de tres días que no había comido.
Después cerró la puerta y fue a acostarse en la cama de la abuela, aguardando a Caperucita roja, que llegó un poco más tarde y llamó a la puerta: Toc, toc.
-¿Quién es?
Caperucita, al oír el vozarrón del lobo, tuvo miedo al principio, pero, creyendo que su abuela estaba enferma, contestó:
-Soy tu nieta, Caperucita roja, y te traigo una torta y un tarrito de mantequilla que te envía mi madre. -El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:
-Tira del cerrojo y la puerta se abrirá.
Caperucita roja tiró del cerrojo y se abrió la puerta. El lobo, al verla entrar, le dijo mientras se ocultaba en la cama bajo la manta:
-Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima de la mesa y ven a acostarte conmigo.
Caperucita roja se desnudó y fue a meterse en la cama, donde se quedó muy sorprendida al ver el aspecto de su abuela desnuda. Le dijo:
-¡Abuelita, qué brazos más grandes tienes!
-Son para abrazarte mejor, hija mía.
-¡Abuelita, qué piernas más grandes tienes!
-Son para correr mejor, niña mía.
-¡Abuelita, qué orejas más grandes tienes!
-Son para oír mejor, niña mía.
-¡Abuelita, qué ojos más grandes tienes!
-Son para ver mejor, niña mía.
-¡Abuelita, qué dientes más grandes tienes!
-¡Son para comerte mejor!
Y diciendo estas palabras, el malvado del lobo se arrojó sobre Caperucita roja y se la comió.